sombra1
Guillermo Tupper


20 años

E-mail: rockandwords@yahoo.com.ar

Cartagena Vice.

Miércoles 15
10:00 hrs.
Cartagena
Paseo Universidad de Chile



“Ni en todo el verano vi tanto curao…”, dice la mesera de un restaurante de Cartagena, mientras me sirve unas empanadas de marisco. En su local penan las ánimas. Sólo estamos yo, el coordinador de la Zona y una rubia punkie que se sostiene apenas, a punto de vomitar. Es la tercera que entra en el mismo estado en diez minutos. La vieja ni se inmuta. Como casi nadie va a comer, encontró la forma de hacer su negocio rentable: subir el precio de los baños. Ahora no valen $100, sino $300. Así, con cada universitario intoxicado, sus ganacias se elevan al triple.

Estamos en el paseo Cartagena de la Chile. El único, el grande, el de ellos. El que copiaron hasta las universidades privadas. Claro que en todas se repite lo mismo. De disfrutar la playa y el sol, el viaje no tiene mucho. El objetivo consiste en trasladar el carrete de casa a 120 kilómetros de Santiago. En otras palabras, viajar dos horas y tomar lo suficiente para no tener que acordarse después. Puro espíritu adolescente.

Pienso esto mientras voy en el bus de ingeniería de la Chile. Estoy rodeado de proyectos de yernos ideales bajándose botellas de pisco a destajo. Al rato, me siento al lado de una niña con acento cubano. Me presento como un mechón de periodismo que había perdido su bus. Ella tiene un nombre raro: Baisy. Y le cargan los periodistas. Sin embargo, nos hicimos buenos amigos. “Yo me curo porque es la última oportunidad que tengo para hacerlo”, reconocía. En una mano, sostenía un cigarro y, en la otra, su segundo vino en caja. “La próxima semana ya tengo una prueba de ley de oferta y demanda”. No terminó de decirme esto y un compañero de ella se metió en la conversación para hablarle sobre curvas de oferta, precios, tazas y todo eso de lo que hablan los ingenieros.

En el viaje me acompaña el coordinador de la Zona para sacar fotos con una camarita que no despierte sospechas. Él está sorprendido de que todo sea tan ordenado. Que nos hayan puesto cintitas en las muñecas para devolvernos en el mismo bus de vuelta. Dice que es porque los de ingeniería tienen esta pura semana para reventarse y después no salen de los libros hasta el otro año. En periodismo uno toma siempre. De hecho, él hace migas con unos colegas colados de la Mayor que iban mezclando cerveza con pisco.


prieto

Llegamos a la playa grande poco antes de las 2 de la tarde. Por un momento, le compré a Huidobro eso que Cartagua era un lugar místico. Fue cuando, camino a comprar choripanes, vi a un tipo predicar como Jesucristo y a decenas de hombres mirar el horizonte en fila, a orillas del mar. Que lindo – pensé -. Aún quedaba gente distinta en un lugar como éste. Pero todo era un espejismo. Jesucristo era un estudiante disfrazado que sostenía un ron pampero y los hombres no estaban mirando el paisaje, sino meando.

Al rato, llegan los estudiantes de diseño, portando unas máscaras. Más tarde lo hacen los de la facultad de arte. Entre ellos, un tipo con polera de Pink Floyd se cae de boca al suelo. Nadie lo levanta. Incluso algunos lo pisan en medio del pogo que se forma cuando aparece “Guachupé” en el escenario, la versión decadente de los Auténticos Decadentes.

Una chica me mete conversación. Me dice que nos vayamos a bañar. Yo me niego. Uno, porque no me gusta la idea de meterme al agua y quedar como escalopa; dos, porque soy fiel y tres, porque mi coordinador anda con su camarita sacándome fotos.

Busco a los del bus, pero están todos disgregados. En las cuatro horas (sí, cuatro miserables horas) que pasé en la playa, me pidieron tres veces el mail, me dio la lata un viejote estudiante de derecho de terno y corbata que se había casado esa misma mañana y se había venido al paseo porque su señora tenía que dar un examen atrasado, tomé un poco menos que el promedio y perdí mi celular cuando iba de vuelta en el bus. El cuarto en dos años. Miré alrededor con la esperanza de encontrarlo. Lo único que vi fue ingenieros durmiendo en estado de coma. Pensé en el reto que me iba a llegar en la casa y sentí algo de culpa. Por hoy, era suficiente.

 

EL SEÑOR DE LAS LÁMINAS
SE VIENE LA NOCHE
EL CANTOR
“COMPRARÉ CDs HASTA QUE DESAPAREZCAN. NO HAY PLACER COMPARABLE AL ESCUCHAR UN ÁLBUM DE PRINCIPIO A FIN MIENTRAS MANEJAS TU AUTO Y DESCUBRES TRACKS ESCONDIDOS”
"EN NUESTROS CONCIERTOS HAY UNA MEZCLA MUY RARA DE RASTAFARIS, PUNKS, INDIE ROCKERS Y GENTE QUE NI SIQUIERA ESCUCHA REGGAE"
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